CELEBRACIÓN DE LA MISA

La Misa, acción de Cristo y de todo el pueblo de Dios

Todo procede de la Fuente, que es la santa Trinidad. El Padre que por medio del Espíritu Santo nos envía a su Hijo. El Padre nos convoca y nos reúne, por la fuerza de su Espíritu Santo. Y estamos convocados por el Padre con el Espíritu para escuchar la Palabra que se hace Pan: “En la Misa o Cena del Señor el pueblo de Dios es congregado, bajo la presidencia del sacerdote, que actúa en la persona de Cristo, para celebrar el memorial del Señor o sacrifico eucarístico. De ahí que sea eminentemente válida, cuando se habla de la asamblea local de la santa Iglesia, aquella promesa de Cristo: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20). Pues en la celebración de la Misa, en la cual se perpetúa el sacrificio de la Cruz, Cristo está realmente presente en la misma asamblea congregada en su nombre, en la persona del ministro, en su Palabra y ciertamente de una manera sustancial y permanente en las especies eucarísticas” (OGMR 27).

El sacerdote actúa “en la persona de Cristo”: importancia para su vida espiritual, que se prepare antes de la celebración, porque es Jesús que se hace presente por medio de su persona. Mejor dicho, desaparece la persona del sacerdote para transformarse en Jesús que acoge, que habla, que da su Palabra, que reza al Padre, que nos da a comer su Palabra y su Cuerpo glorioso.

Presencia real de Jesús “en la misma asamblea congregada en su nombre”. Importancia del signo de asamblea que exige conversión y decisión por parte de los que participan en estar más juntos. “En su Palabra”: Jesús realmente presente en la Palabra proclamada. Necesidad de buenos lectores, que se preparen, que conozcan y profundicen en la Palabra de Dios. Y por parte del celebrante que explique vitalmente la Palabra de Dios proclamada. Como un hermano que toma de la mano a sus hermanos y los va introduciendo en el Misterio que se celebra (mistagogia).

Y la actitud de profunda adoración a lo largo de toda la celebración, pero especialmente en la consagración y comunión: “y ciertamente de una manera sustancial y permanente en las especies eucarísticas”.