Oración colecta

La comunidad reunida reza con una fórmula llamada “colecta”. El término “colecta” viene del latín “colligere”, recoger. Y es como el resumen de todas las plegarias precedentes. Y consta, a) de una invitación a la plegaria; b) de la pausa de silencio; c) de la oración del sacerdote; d) de la aclamación del pueblo.

Después de la invitación a la oración se hace una breve pausa de silencio: “todos juntamente con el sacerdote, oran en silencio durante breve tiempo” (OGMR 54, 127). Silencio activo, que no es hacer nada. Es hacer entrar a los fieles en sí mismos: “Después de la invitación a orar, los presentes se recogen en su interior” (OGMR 45). Con este silencio se pretende que todos tomen conciencia de estar en la presencia de Dios y de rezar personalmente dentro del corazón.

Oración dirigida al Padre por Cristo en el Espíritu: “Siguiendo una antigua tradición de la Iglesia, la oración colecta suele dirigirse a Dios Padre, por medio de Cristo en el Espíritu Santo y se termina con la conclusión trinitaria, que es la más larga” (OGMR 54). Siempre dirigida al Padre, se hace introducción-memoria, petición y por Jesucristo. Siempre por Jesucristo al Padre: ¡no se puede ir directamente! Al Padre por el Hijo con la fuerza del Espíritu. “El pueblo, para unirse a esta súplica, la hace suya con la aclamación: “Amén” (OGMR 54): expresión hebrea que quiere decir así sea, estamos de acuerdo, nos unimos, aceptamos.

Con esta aclamación el pueblo hace suya la plegaria del sacerdote. Y con este “Amén” se concluyen los ritos introductorios de la celebración. Este “Amen” es como el sello de la intensa participación de los fieles en esta parte de la celebración. El que preside y toda la comunidad, se han puesto en la presencia de Dios, se ha constituido la asamblea, han rezado, se ha creado el clima de la celebración. Y después de esto, la asamblea puede escuchar la Palabra de Dios.