Gloria a Dios en el cielo

Quiere ser una continuación de los cánticos del NT, Magnificat, Benedictus, Nunc dimittis. Originariamente no fue compuesto para la Misa, sino para la oración de la mañana, como el himno “Oh luz gozosa” lo fue para la vespertina. Lo encontramos en documentos del s. IV. Se reza o canta en determinadas ocasiones, después del “Señor ten piedad”, y constituye por si mismo “el valor de un rito o acto” (OGMR 37 a). Se reza todos los domingos, excepto en Adviento y Cuaresma; en las solemnidades, en las fiestas, y en otras celebraciones más solemnes.

El Gloria es un antiquísimo y venerable himno con que la Iglesia, congregada en el Espíritu Santo, glorifica a Dios Padre y al Cordero y le presenta sus súplicas. El texto de este himno no puede cambiarse por otro… Se canta o se recita los domingos, fuera de los tiempos de Adviento y Cuaresma, en las solemnidades y en las fiestas y en algunas peculiares celebraciones más solemnes” (OGMR 53).

El prólogo es el cántico angélico: “Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres de buena voluntad” (Lc 2,14). Es la canción de cuna que los ángeles entonaron en Belén. Se alaba a Dios, se le bendice, se le glorifica, por aquello que es la Gloria del Padre: Jesucristo Resucitado. Los títulos del Padre: Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre Todopoderoso. Los títulos de Jesucristo: Señor, Hijo único, Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre. Cordero de Dios (Jn 1,29.36) que quita el pecado del mundo. Jesucristo Resucitado, sentado a la derecha del Padre (Ef 1,20; Col 3,1) que tiene piedad de nosotros y acoge nuestras súplicas. Jesucristo que es el Santo, el Señor. Con el Espíritu Santo en la Gloria de Dios Padre: “Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Fil 2,11).

Este himno ha de crear un clima de aclamación gozosa a la Gloria de Dios que es Jesucristo Resucitado, clima de admiración. Es en verdad un canto completo: tiene alabanza, entusiasmo, doxología y súplica. Un canto que rezuma alegría, confianza, humildad, y que da al inicio de la Eucaristía un tono de festividad: la mirada de la comunidad está puesta en la gloria de Dios: “Por tu inmensa gloria te alabamos”.