Ministerios ordenados y Ministerios instituidos

En orden a ejercer las funciones del sacerdocio común de los fieles existen otros ministerios particulares, no consagrados por el sacramento del Orden, y cuyas funciones son determinadas por los obispos según las tradiciones litúrgicas y las necesidades pastorales. “Los acólitos, lectores, comentadores y cuantos pertenecen a la “schola cantorum” desempeñan un auténtico ministerio litúrgico” (SC 29). “Ministerio”, del latín ministerium, servicio, y minister, servidor. Cristo Jesús aparece como el “ministro” que “no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mt 20,28).

Hay ministerios ordenados: el diaconado, el presbiterado y el episcopado, por el sacramento del Orden se configuran a Cristo Pastor y Maestro. Y en la celebración litúrgica su ministerio es el de presidir en el nombre del Señor. Hay otros ministerios instituidos, el del lector y el del acólito, para ayudar a la comunidad cristiana al servicio de la Palabra (lector) y al servicio de los sacramentos, de la Eucaristía (acólito). Son ministerios propios de laicos que reciben el encargo oficial desde su identidad laical. Pero las Conferencias Episcopales pueden instituir otros ministerios: catequistas, salmistas, ministros extraordinarios de la Comunión, sacristanes. Los más numerosos son los que los laicos ejercen, de hecho, en la Liturgia: proclamación de las lecturas, animación del canto, servicio en torno al altar, catequesis, visita enfermos, etc.

Podemos decir que en la celebración de los sacramentos, de la Eucaristía, toda la asamblea  es “liturgo”, cada cual según su función, pero en la “unidad del Espíritu” que actúa en todos (CEC 1144). Hemos de tener en cuanta esta recomendación conciliar: “En las celebraciones litúrgicas, cada cual, ministro o simple fiel, al desempeñar su oficio, hará todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas” (SC 28).