Sacerdocio de los fieles y sacerdocio ministerial

El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico

Toda la comunidad reunida es la que celebra, somos un pueblo sacerdotal. El “sacerdocio común” de los fieles y el sacerdocio ministerial tienen una misma fuente: Cristo, único sacerdote (CEC 1141): “El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo” (LG 10). De ahí la responsabilidad de todos los fieles de ejercer ese sacerdocio común en cada celebración participando intensamente: “La santa madre Iglesia desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia misma, y a la cual tiene derecho y obligación, en virtud del Bautismo, el pueblo cristiano, “linaje escogido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido” (1Pe 2,9)” (SC 14). San Pablo escribe: “Pues, así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, y no todos los miembros cumplen la misma función” (Rom 12, 4).

Algunos son llamados por Dios en y por la Iglesia a un servicio especial de la comunidad. Estos servidores son escogidos y consagrados por el sacramento del Orden, por el cual el Espíritu Santo los hace aptos para actuar en representación de Cristo-Cabeza para el servicio de todos los miembros de la Iglesia: “El ministerio de los presbíteros, por estar unido con el Orden episcopal, participa de la autoridad con que Cristo mismo edifica, santifica y gobierna su cuerpo…Se confiere por aquel especial Sacramento con el que los presbíteros, por la unción del Espíritu Santo, quedan sellados con un carácter particular, y así se configuran con Cristo Sacerdote, de suerte que puedan obrar como en persona de Cristo cabeza” (PO 2). El ministro ordenado es como el “icono” de Cristo Sacerdote. Por ser en la Eucaristía donde se manifiesta plenamente el sacramento de la Iglesia, es también en la presidencia de la Eucaristía donde el ministerio del obispo aparece en primer lugar, y en comunión con él, el de los presbíteros y los diáconos (CEC 1142).