Participación en la "celebración litúrgica celestial"

¿Quiénes participan en la celebración de la Liturgia celestial?

El Señor Resucitado y Glorioso: “Digno es el Cordero degollado de recibir el poder, la riqueza, la sabiduría, la fuerza, el honor, la gloria y la alabanza” (Ap 5,12). Las Potencias celestiales participan  en el servicio de la alabanza de Dios y en la realización de su designio: “Miré y escuché la voz de muchos ángeles alrededor del trono, de los vivientes y de los ancianos, y eran miles de miles, miríadas de miríadas…(Ap 4-5). “Junto a Él estaban los serafines..., y se gritaban uno a otro diciendo: “¡Santo, santo, santo es el Señor del universo, llena está la tierra de su gloria! (Is 6,2-3).

Participa también toda la creación, los cuatro Vivientes, los servidores de la Antigua y Nueva Alianza, los veinticuatro ancianos, el nuevo Pueblo de Dios, los ciento cuarenta y cuatro mil: “No dañéis a la tierra ni al mar ni a los árboles…Oí también el número de los sellados, ciento cuarenta y cuatro de todas las tribus de Israel” (Ap 7,1-8). “Miré y he aquí que el Cordero estaba de pie sobre el monte Sión, y con Él ciento cuarenta y cuatro mil que llevaban grabados en la frente su nombre y el nombre de su Padre” (Ap 14,1). Y los mártires, “degollados por causa de la Palabra de Dios y del testimonio que mantenían” (Ap 6,9). La Santa Madre de Dios: “Un gran signo apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, y la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza…” (Ap12,21).

Y la Iglesia, la esposa del Cordero: “Mira, te mostraré la novia, la esposa del Cordero” (Ap 21,9). Y el triunfo de la muchedumbre incontable y universal de los mártires-testigos cristianos en el cielo, de pie como el Cordero, en señal de victoria, vestidos con túnicas blancas, porque participan ya de la resurrección de Cristo: “Después de esto vi una muchedumbre inmensa, que nadie podría contar, de todas las naciones, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en sus manos” (Ap 7,9).

Esta es la Liturgia celestial en la que participamos en nuestras celebraciones litúrgicas.