Presencia real de Cristo en la asamblea de los fieles

Cuando se habla de la presencia de Cristo en la comunidad de los fieles, el Concilio Vaticano II, relaciona esta presencia con la oración y la alabanza: “Está presente (Cristo) cuando la Iglesia suplica y canta Salmos, el mismo que prometió: “Donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20)” (SC 7). La encíclica Mysterium Fidei añade una cita de S. Agustín: “Cristo ora por nosotros, ora en nosotros y es invocado por nosotros”. Presencia real del Señor ligada a la asamblea litúrgica, reunida “en el nombre del Señor”, es decir “con motivo del culto del nombre del Señor”. El pueblo santo de Dios ¿es conciente de que cuando se reúne en comunidad para orar, el Señor Resucitado y Glorioso está allí realmente presente? La dispersión de nuestros hermanos y hermanas en nuestras celebraciones, la superficialidad en nuestras sacristías antes de cualquier concelebración, o la exageración ruidosa del momento de la paz, son indicios que muestran que nuestra actitud no es la del que adora al Señor realmente presente en la comunidad reunida. Cuando la Constitución litúrgica del Vaticano II habla de la Liturgia de las Horas, dice: “ Cuando los fieles oran juntamente con el sacerdote en la forma establecida, entonces es en verdad la voz de la misma Esposa que habla al Esposo; más aún, es la oración de Cristo, con su Cuerpo, al Padre” (SC 84). ¿Creemos de verdad cuando rezamos la Liturgia de las Horas que somos la comunidad esposa que habla al Espos, o la voz de Cristo que da gracias al Padre?