Asombro y adoración gozosa

El Papa Juan Pablo II habla de “sentimientos de gran asombro y gratitud” ante el acontecimiento pascual y la Eucaristía que lo actualiza. “Este asombro  ha de inundar siempre a la Iglesia, reunida en la celebración eucarística. Pero de modo especial, debe acompañar al ministro de la Eucaristía. En efecto, es él quien, gracias a la facultad concedida por el sacramento del Orden sacerdotal, realiza la consagración. Con la potestad que le viene del Cristo del Cenáculo, dice: “Esto es mi cuerpo que será entregado por vosotros…El sacerdote pronuncia estas palabras o, más bien, pone su boca y su voz a disposición de Aquel que las pronunció en el Cenáculo…(EdE 5). Este asombro y esta actitud  de adoración gozosa la hemos de tener y experimentar en nuestras celebraciones litúrgicas, anticipo de la Liturgia celestial: “En la Liturgia terrena pregustamos y tomamos parte en aquella Liturgia celestial que se celebra en la santa ciudad de Jerusalén, hacia la cual nos dirigimos como peregrinos y donde Cristo está sentado a la diestra de Dios…” (SC 8). Actitud de adoración que será eterna: “Los veinticuatro ancianos se postran ante el que está sentado en el trono, adoran al que vive por los siglos de los siglos” (Ap 4,10). Adoración de los ángeles: “Y todos los ángeles que estaba de pie alrededor del trono y de los ancianos cayeron rostro a tierra ante el trono, y adoraron a Dios” (Ap 7,11). Y adoración de todos los pueblos: “Porque vendrán todas las naciones y se postrarán ante ti” (Ap 15,4).