Miércoles 2º

LECTURA:           "Juan 3, 16-21"

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna.

Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

El que cree en él no será juzgado; el que no cree ya está juzgado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas.

Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

MEDITACIÓN:            "Tanto amó"

            Ésta es la clave que no terminamos de asimilar los que creemos y a la que no son capaces de abrirse los que dicen no creer, y que se fuésemos capaces de acoger con toda la fuerza de su verdad podía cambiar definitivamente nuestros corazones y nuestro mundo sufriente.

            Dios, el Dios de Jesús, no es un ser caprichoso, que se quiere entrometer en todo para manejarlo todo, para poner cotos, para incordiar la vida y negarle el gozar de su belleza.  Es el Dios que ama, que ama hasta el infinito, nos lo ha manifestado suficientemente. Es el Dios que quiere que vivamos abundantemente, que nos ofrece su paz profunda y la posibilidad de aportar luz a tanta oscuridad que arrastramos.

            Es el Dios que abre horizontes a nuestra realidad limitada y nos invita a sentirnos familia y a construir una gran casa donde nos sintamos hermanos. Y no sé por qué, Señor,  algo que parece tan hermoso nos resulta tan difícil, casi imposible.

            Yo sé que la realidad de ese amor que arranca de ti lo has depositado en mí, y más allá de las preguntas sin respuesta, me invitas a volcarlo, a darlo, gratuitamente, como tú.

ORACIÓN:           "Quiero amar"

            Gracias, Señor, por tu amor. Gracias por tu desbordamiento, por tu gratuidad, gracias por tu amor que me llega a lo más íntimo de mí.

            Señor, quiero amar, como tú. Sé que no es difícil, aunque, es triste decirlo, me cuesta, pero quiero y necesito amar.

            Quiero amar, con la fuerza con que tú lo hiciste, con esa radicalidad que encuentra su gozo en el dar, en el darme. Ayúdame, Señor.

CONTEMPLACIÓN:           "Como tú"

Amor que se desborda

y que me llega

en latidos profundos,

en deseos ardientes.

Amor que nace de ti,

mi fuente,

y ansía en convertirse en río

que corra sereno,

fecundando la tierra por donde pasa,

silenciosamente,

calladamente,

como tú.