Viernes 3º cuaresma

LECTURA:          "Marcos 12, 28b-34"

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó: «¿Qué mandamiento es el primero de todos?»

Respondió Jesús: «El primero es: "Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser." El segundo es éste: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo." No hay mandamiento mayor que éstos.»

El escriba replicó: «Muy bien, Maestro, tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y sacrificios.» Jesús, viendo que habla respondido sensatamente, le dijo: «No estás lejos del reino de Dios.» Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

MEDITACIÓN:               "Escucha"

            No es este el primer mandamiento, pero sí es la primera y necesaria actitud para poder acoger el primero y cualquier otro mandamiento. "Escuchar". De ahí dimana todo lo que queramos poner en la vida. Porque el gran problema que arrastramos los hombres es, sencillamente, que nos hemos olvidado, o al menos nos cuesta mucho, escuchar. Y si no escuchamos nada de lo que pongamos detrás sirve.

            Parece que tenía que ser algo lógico a estas alturas de nuestro existir humano, y del desarrollo que parece que estamos alcanzando, pero no. La realidad nos dice que cada vez nos es más difícil escuchar. Que cada uno escuchamos aquello y a aquellos a quienes nos interesa. Que nuestro diálogo, la mayor parte de las veces es un diálogo de sordos. Y esto a todos los niveles y en todos los campos. Y eso asusta.

            Por eso tú te empeñas en repetir tantas veces la invitación, la llamada, la urgencia, a escuchar. Y, al final, tuviste que pagar los efectos de la sordera, de la cerrazón de oídos y, sobre todo, del corazón. Porque al final esa es la realidad, lo que cerramos para no oír, no son los oídos físicos, sino el corazón, y cuando el corazón se cierra y se hace sordo, se endurece, y cuando se endurece todo es posible. Todo mal, claro está.

            Sí, tal vez, tenemos que corregir el orden de los mandamientos, o intercalar el paso previo, porque para comenzar a amar hay que comenzar a escuchar, las voces y el corazón. Y ahí me tocas y me interpelas con mucha fuerza.    

ORACIÓN:            "Tomarme en serio"

            Señor, cuántas veces me llamas desde lo más profundo y cuántas veces hago oídos sordos a tus palabras. Luego me lamento, pero son lágrimas de cocodrilo, lastimeras y tal vez justificadoras. Ayúdame a tomarte y a tomarme en serio.

            Se me llena la boca hablando de coherencia, la pido para los otros, pero yo camino, muchas veces, sin asumir mi responsabilidad gozosa de creyente. Ábreme los oídos, Señor, ábreme el corazón.           

CONTEMPLACIÓN:                "Ruidos"

Ruidos y más ruidos

que justifican mi sordera.

Ruidos que aturden

mis pensamientos

y distraen mis sentidos.

Ruidos cómodos

que permiten evadirme

y justificar mi indolencia

y mi indiferencia.

Haced, ruidos, silencio

en vuestra imparable locura

y dejad que se cuele la cordura,

y que un hilo de paz

prenda la llama frágil del amor.