“Este es el Sacramento de nuestra fe”

La invitación del celebrante a toda la comunidad reunida después de la consagración del Pan y del Vino, nos muestra el misterio fundamental de nuestra fe: la Pascua del Señor, su pasión y muerte, su resurrección gloriosa y su venida definitiva: “Este es el Sacramento de nuestra fe”. Y la comunidad responde: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!”. Sí, el Sacramento de nuestra Fe es Cristo Resucitado entregado como Cuerpo para nosotros, “esperanza de la gloria”.

En la última Cena Jesús hizo con sus discípulos un anticipo de su Pascua, Pasión-Muerte-Resurrección, de ahí que todas las Plegarias eucarísticas hacen referencia a su pasión inminente: “Cuando iba a ser entregado a su Pasión, voluntariamente aceptada” (Plegaria eucarística IIª); “Porque él mismo la noche en que iba a ser entregado” (Plegaria eucarística IIIª); “Porque él mismo, llegada la hora en que había de ser glorificado por ti, Padre Santo, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Plegaria eucarística IVª). Las palabras sobre el pan y el vino el Papa Pablo VI las unificó por razones pastorales.

La Liturgia da realce de diferentes maneras a este momento de la Plegaria eucarística. I) La ostensión del Pan y del Vino (“sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar”), ya convertidos en el Cuerpo y la Sangre del Señor. Dice también la rúbrica del Misal Romano: “Muestra el Pan consagrado al pueblo, lo deposita luego sobre la patena y lo adora haciendo genuflexión”; “Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo adora haciendo genuflexión”. II) Otra manera de dar realce a este momento es avisar a los fieles con el toque de la campanilla: “Un poco antes de la consagración, el ministro, si se cree conveniente, avisa a los fieles mediante un toque de campanilla. Puede también, de acuerdo con la costumbre de cada lugar, tocar la campanilla cuando el sacerdote muestra la hostia y el cáliz a los fieles” (OGMR 150). También el incienso, signo de honor y de adoración a Cristo realmente presente en el Pan y el Vino: “Si se utiliza el incienso, el ministro inciensa la Hostia y el Cáliz cuando se muestran tras la consagración” (OGMR 150). III) La postura del cuerpo de rodillas o haciendo una profunda inclinación: “Estarán de rodillas durante la consagración, a no ser que lo impida la enfermedad o la estrechez del lugar o la aglomeración de los participantes o cualquier otra causa razonable. Y, los que no puedan arrodillarse en la consagración, harán una profunda inclinación mientras el sacerdote hace la genuflexión después de ella” (OGMR 43). El diácono: “Durante la Plegaria eucarística, el diácono está en pie junto al sacerdote, un poco retirado detrás de él, para ayudar cuando haga falta en el cáliz o en el misal. Desde la epíclesis hasta la ostensión del cáliz el diácono permanece, normalmente arrodillado” (OGMR 179). Y si es posible, la Plegaria, cantada: “Es muy conveniente que el sacerdote cante las partes de la Plegaria eucarística musicalizadas” (OGMR 147).

La riqueza de todos los signos litúrgicos en estos momentos de la Plegaria nos ayudan a descubrir que estamos cara a cara ante el Misterio del Señor al que adoramos con un gozo inmenso.