VIII: Importancia de la eucaristía en nuestra vida

A modo de conclusión 

La comunidad cristiana lleva ya dos mil años celebrando este sacramento con gozo y gran fruto: se reúne, escucha la Palabra y recibe el alimento eucarístico de su Señor. Y en esta celebración es donde de modo privilegiado va reconstruyendo continuamente sus propias raíces y se mantiene fiel a su fe.

En el programa que el papa Juan Pablo II nos ha dado para el tercer milenio, en su exhortación  (Novo millennio ineunte), llama la atención el énfasis que pone en la importancia de la Eucaristía dominical para el futuro de la comunidad cristiana:

"Debemos dar un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo...: es un deber irrenunciable, que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como necesidad de una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente. Estamos entrando en un milenio que se presenta caracterizado por un profundo entramado de culturas y religiones incluso en países de antigua cristianización. Esto nos pone ante el reto de testimoniar con mayor fuerza, a menudo en condiciones de soledad y dificultad, los aspectos específicos de la propia identidad... La Eucaristía dominical, congregando semanalmente a los cristianos como familia de Dios, en tomo a la mesa de la Palabra y del Pan de vida, es también el antídoto más natural contra la dispersión..." (NMI 35-36).

En un mundo que nos lleva a un creciente enfriamiento en la fe, y que nos sitúa en una notoria mezcla de culturas religiosas, la Eucaristía de cada domingo es hoy más que nunca central para la comunidad cristiana, la que más eficazmente ayuda a un cristiano o a una familia, a ir creciendo y madurando en su fe, renovando continuamente su identidad, a la luz de la Palabra de Dios.

La Eucaristía no es sólo un precepto. Ni sólo un momento de religiosidad que puede darnos paz y sosiego interior. Son tan importantes los valores que comporta, que la conciencia de su obligatoriedad para un cristiano le nace de dentro. Así lo entendió la comunidad cristiana desde el principio. En la carta a los Hebreos (10,24) ya se avisaba de que no faltaran a la reunión dominical, como algunos ya tenían costumbre de hacer...

La Eucaristía dominical nos ayuda en nuestro camino cristiano.

El año 304, en Abitene, en el norte de África, los cristianos sufrieron una dura persecución, la de Diocleciano. Un domingo entró la policía romana en una casa donde celebraban la Eucaristía unos cincuenta cristianos, que murieron todos mártires. Niños y jóvenes, humildes trabajadores y senadores. El presbítero Saturnino fue uno de los primeros en morir.

Cuando le tocó el turno a Emérito, un laico, lector de la comunidad, en cuya casa se tenía precisamente La reunión, sucedió un diálogo muy interesante entre el juez y él. El juez le recriminó que se hubiera tenido la reunión en su casa, cosa que estaba totalmente prohibida. Y Emérito contestó con una frase lapidaria que se ha hecho famosa: "sine dominico non possumus", nosotros, sin el domingo (sin Lo que celebramos el domingo, la Eucaristía) no podemos.

¿Cómo hubieran podido aquellas familias cristianas conservar su fe y su identidad de seguidores de Cristo Jesús, en medio de una sociedad pagana y además perseguidos, si no hubiera sido porque cada domingo se reunían, animándose unos a otros, y escuchaban la Palabra de Dios, y celebraban la Eucaristía?

Podemos afirmar que en las circunstancias actuales, en medio de una sociedad secularizada, una familia, o una comunidad, o un joven cristiano, no podrán mantener su fe y su identidad si no son fieles a este encuentro semanal con la comunidad y con el Señor, con su Palabra, con su Alimento de vida eterna. Si en el siglo IV era necesaria la celebración de la Eucaristía para los cristianos del Norte de África, igualmente lo es ahora para todos los cristianos.

Para la reflexión personal y de grupo 

Comentamos las siguiente afirmaciones: "Debemos dar un realce particular a la Eucaristía dominical y al domingo mismo...: es un deber irrenunciable, que se ha de vivir no sólo para cumplir un precepto, sino como necesidad de una vida cristiana verdaderamente consciente y coherente.”..... En las circunstancias actuales, en medio de una sociedad secularizada, una familia, o una comunidad, o un joven cristiano, no podrán mantener su fe y su identidad si no son fieles a este encuentro semanal con la comunidad y con el Señor, con su Palabra, con su Alimento de vida eterna.

 

  • ¿Qué valor concedemos a la Eucaristía en nuestra vida, en nuestros horarios, prioridades?
  • ¿Procuramos educar a nuestros hijos, nietos, amigos en su importancia y centralidad?

Podríamos concluir estas catequesis celebrando juntos una Eucaristía y asumiendo compromisos para una mejor vivencia personal y comunitaria del misterio eucarístico.