¿Podeis ir en paz?

Se puede decir que con la Eucaristía ya hemos hecho lo más fácil: reunimos con otros cristianos, escuchar lo que Dios nos quería decir, rezar y cantar juntos, dar gracias a Dios y ofrecerle una y otra vez el sacrificio de Cristo en la Cruz, y participar de él comulgando con su Cuerpo y su Sangre.

Al final oímos con gusto el "podéis ir en paz". A lo que contes­tamos "demos gracias a Dios", no ciertamente en el sentido de que "finalmente ha terminado esto", sino porque nos sentimos agradecidos a Dios de que nos haya dado, en el ámbito de su Iglesia, este admirable sacramento.

Pero con la misa no termina todo. Continúa el domingo. Conti­núa la vida. Y este "podéis ir en paz" lo deberíamos interpretar, no ciertamente como "aquí no ha pasado nada", sino como un envío a la vida, para prolongar la Eucaristía.

De la vida venimos a la misa y de la misa volvemos a la vida.

Ahora queda lo difícil: en nuestra familia, en el mundo del tra­bajo, en la sociedad, en las actividades del barrio: ¿pensamos ser consecuentes con lo que hemos escuchado y dicho y celebrado?

Toda la celebración ilumina nuestra vida:

  • la Palabra que hemos escuchado debe producir frutos e ir cam­biando nuestra manera de vivir;
  • hemos cantado el Aleluya: la vida de un cristiano debería ser más una canto de aleluya; “alabad Dios con vuestras obras”;
  • la alabanza y la acción de gracias que hemos elevado a Dios Padre debe continuar en nuestro talante optimista y positivo, más esperanzado;
  • en la Oración Universal hemos pedido por las intenciones del mundo, y ahora nos toca trabajar para que sea verdad esa paz y bienestar que pedíamos;
  • nos hemos dado la paz antes de ir a comulgar: La Eucaristía debe hacer crecer la fraternidad en toda nuestra vida;
  • hemos comido a un Cristo entregado por nosotros: para que vayamos siendo también nosotros "entregados por los demás";
  • al mismo Jesús a quien hemos recibido en la comunión es al que tenemos que ver presente en la persona del prójimo, sobre todo del que pasa hambre y necesita de nosotros.

La Eucaristía no nos deja tranquilos. El "podéis ir en paz" no es un tranquilizante. Quiere decir más bien "sois enviados". No podemos salir de misa igual que como hemos entrado. No hemos ido a misa sólo porque era precepto, o para satisfacer una necesidad religiosa. Sino para ir creciendo en la vida que Cristo nos comunica.

Lo que hemos celebrado nos debe dar fuerzas para dar luego testimonio de nuestra fe cristiana en la vida, en nuestro trabajo, en nuestra familiar y social.