VI: Comulgamos con Cristo

 

Después de comulgar con Cristo-Palabra, somos invitados a comulgar con Cristo-Pan. El que se nos ha entregado como la Palabra viviente de Dios, que ilumina nuestra vida, ahora se nos da como Pan y Vino. Es la doble mesa a la que somos invitados en cada misa.

 

El pan y el vino que en el ofertorio se traen al altar, se han convertido misteriosamente en una nueva realidad, la persona misma de] Señor Resucitado.

 

Esto sucede porque el sacerdote ha invocado sobre ellos la acción del Espíritu: "Derrama la fuerza de tu Espíritu, de manera que este pan y este vino sean para nosotros Cuerpo y Sangre de tu amado Hijo Jesucristo", y porque ha repetido las palabras que hace dos mil años dijo Jesús de una vez para siempre: "tomad y comed: esto es mi Cuerpo... esta es mi Sangre".

Cristo nuestro alimento 

La Eucaristía es nuestra comida espiritual.

 

El pan y el vino humanos alimentan y alegran nuestra vida. Pero Cristo ha querido dársenos él mismo como alimento y alegría espiritual. Y lo ha hecho con un signo que todos entienden: comer pan y beber vino.

 

En otros sacramentos el Resucitado nos perdona los pecados (Reconciliación) o nos da su Espíritu (Confirmación): en este se nos da él mismo como "viático", o sea, como alimento para el camino. Porque ya sabía que este camino nos iba a resultar difícil.

 

Si los cristianos creemos gozosamente esto y lo celebramos desde hace dos mil años, es porque nos lo dijo él:

  • "tomad y comed... esto es mi Cuerpo entregado por vosotros",
  • "El que come mi Carne y bebe mi Sangre permanece en mí y yo en él",
  • "El que me come vivirá de mí como yo vivo del Padre".

La comunidad cristiana necesita entrar continuamente en comunión con Cristo: por eso es invitada a su mesa pascual.

Cristo se ha identificado con ese pan y vino del altar para hacerse presente, para que comiéndole, nos unamos y nos vayamos asemejando a él, ya que vamos recibiendo su misma vida en nosotros, y con ella, la garantía de la vida eterna: "el que me come tiene vida eterna: yo le resucitaré el último día".

 

La comunión es el momento culminante de la misa. Su gesto principal.

 

La celebración está orientada hacia la unión íntima de los fieles con Cristo por medio de la comunión. Comulgar es recibir a Cristo mismo que se ofrece por nosotros. Es el momento en que debemos expresar nuestro más profundo respeto y agradecimiento al que ha querido ser nuestro alimento para el camino.