V: Ofrecemos y nos ofrecemos

 

¿En qué sentido podemos decir que ofrecemos el sacrificio de la Misa?

 
 

El sacrificio lo realizó Jesús de Nazaret, hace dos mil años. Se ofreció a sí mismo a Dios, en solidaridad con todos los hombres, hasta las últimas consecuencias.

 

La muerte de Jesús en la cruz es de una vez por todas, el sacrificio perfecto, el que sustituía a los sacrificios de Israel y de todas las religiones. No fue una ofrenda de animales o de cosas. Fue la ofrenda de su propia persona. Él era el Hijo de Dios y nuestro Hermano. Así resolvió Dios, con su propio dolor y entrega, el desfase que había creado nuestro pecado, y se restableció la Alianza entre Dios y la Humanidad.

 

En la Eucaristía celebramos el memorial de ese sacrificio, que el mismo Señor actualiza para nosotros para hacemos partícipes de su entrega pascual de hace dos mil años.

Celebramos el memorial

El memorial no es un mero recuerdo del pasado. Siempre supone una mirada al futuro. Y, sobre todo, la convicción de que lo pasado se actualiza hoy, y que el futuro ya se anticipa de alguna manera. El "hoy" está cargado del "ayer" y del "mañana".

Cuando celebramos un cumpleaños o las bodas de oro o plata de un acontecimiento:

  • celebramos que hace tantos años nacimos o nos casamos o nos ordenamos (ayer),
  • pero lo celebramos como algo que continúa, porque nos alegramos de seguir viviendo, o de estar casados o de ser religiosos (hoy),
  •  y nos deseamos que en el futuro todo ello todavía sea más feliz y completo (mañana).

Para los judíos, el memorial que celebran cada año en la Pascua:

  • es el recuerdo agradecido de su liberación de Egipto,
  • pero consideran que Dios les sigue ayudando con la misma voluntad salvadora que en el éxodo, y renuevan la alianza con él,
  • y siempre terminan su celebración pensando en "el año que viene", en que esperan una salvación más plena.

Los cristianos celebramos el memorial del sacrificio de Cristo:

  • en cada Eucaristía celebramos el memorial de su muerte salvadora (el pasado),
  • pero estamos convencidos de que él se hace presente entre nosotros y nos hace partícipes cada vez de su Pascua, dándonos su Cuerpo y su Sangre (el presente),
  • y así nuestra Eucaristía nos va ayudando en nuestro camino hacia la plenitud final de su Reino (el futuro).

San Pablo lo dijo muy brevemente: cada vez que coméis este pan y bebéis esta copa (hoy), proclamáis la muerte del Señor (ayer) hasta que venga (mañana )" (1 Corintios 11, 26).