I: El Señor nos llama y nos reune

Lo primero que hacemos los cristianos, al acudir a la Eucaristía, es reunirnos con otros cristianos.

Sobre todo lo hacemos el día del domingo. Ya la primera comunidad cristiana decidió tener en este día su reunión eucarística, porque en este día resucitó Jesús de entre los muertos: "El primer día de la semana, estando todos reunidos... A los ocho días, estando de nuevo todos reunidos..." (Jn 20); "el primer día de la semana, estando nosotros reunidos para la fracción del pan..." (Hch 20). Desde entonces, hace dos mil años, no hay domingo cristiano sin Eucaristía.

Todos celebramos

Los cristianos somos invitados no sólo a "oír misa" o "asistir" a algo que hacen otros, sino a "celebrar" la Eucaristía. El Misal, en su Introducción general, nos dice: "En la Misa o Cena del Señor el pueblo de Dios es reunido, bajo la presidencia del sacerdote que hace las veces de Cristo, para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico'' (IGMR 27: la numeración corresponde a la reciente edición).

Toda la comunidad celebra y participa.

Pero dentro de ella hay ministros o servidores que le ayudan a celebrar. Son los que dirigen el canto, proclaman las lecturas y, sobre todo, presiden la celebración en nombre de Cristo:
  • no todos hacen todo (no todos leen, ni cantan los solos, ni predican, ni bendicen), pero sí todos celebran y participan y acogen;
  • uno lee la lectura, pero todos participan escuchándola y acogiéndola;
  • uno canta como solista, y todos le responden en el momento oportuno;
  • el presidente, ayudado si conviene por otros ministros, distribuye la comunión, pero lo más importante es que todos son invitados a participar en ella.