Adviento 2012

PREPARAR EL CORAZÓN… DESDE UNOS SIGNOS EXTERIORES

Adviento es tiempo de preparar caminos. De recorrer senderos, derribar muros y reparar puentes. Y hacerlo con la emoción contenida y la esperanza firme de una madre que lo dispone todo para el nacimiento de su hijo. Adviento es tiempo de preparar el corazón para acoger, para escuchar, para convertirlo en el mejor pesebre en el que el niño Dios pueda recostarse la noche de la Navidad. Preparar el corazón para que su Palabra pueda sembrarse en nuestra vida. Y hacerlo haciendo silencio, escuchando, dejando que Otro nos hable y nos revele su proyecto de amor sobre cada uno. No crece la fe sin hacer silencio y escuchar. Por eso, en este tiempo, no se trata de darle cosas a Dios sino de aceptar recibir, gratuita e inmerecidamente. La fe es fundamentalmente don, regalo. Y quien no sabe recibir jamás será capaz de dar nada. Lo nuestro es acoger en silencio, como quien se asoma al precipicio infinito del corazón del Invisible. Acoger al que viene hecho fragilidad de niño. Y sentirnos inmensamente llenos, profundamente vivos. Preparar acogiendo y acoger preparando. Toda una clave para este Adviento.

Por eso a lo largo de este tiempo, como sugerencia, invitamos a colocar el signo de la Corona o adaptar la lámpara de la fe. No es incompatible esta con la de la corona. Es la fe la que nos ayuda a esperar, a preparar, a confiar. Si que sería bueno agruparlas. Además nos parece importante, en Adviento, resaltar y colocar la Palabra en un lugar visible. Hacer procesión con ella y entronizarla el primer domingo en el que se inaugura el nuevo ciclo litúrgico o cada semana. Además de esto, en la celebración sería bueno potenciar el Silencio Sagrado como espacio de escucha.  A continuación les ofrecemos unas indicaciones sobre el sentido del silencio sagrado en la liturgia. Ayudarnos a no tener prisa y hacer silencio es importante.

EL SILENCIO

Nos dice el papa Juan Pablo II en su carta apostólica del 4 de diciembre de 2003, con motivo del cuadragésimo aniversario de la Constitución Sacrosanctum Concilium, sobre la Sagrada Liturgia: “Un aspecto que es preciso cultivar con más esmero en nuestras comunidades es la experiencia del silencio. Resulta necesario para lograr la plena resonancia de la voz del Espíritu Santo en los corazones y para unir más estrechamente la oración personal con la palabra de Dios y la voz pública de la Iglesia. En una sociedad que vive de manera cada vez más frenética, a menudo aturdida por ruidos y dispersa en lo efímero, es vital redescubrir el valor del silencio. No es casualidad que, también más allá del culto cristiano, se difunden prácticas de meditación que dan importancia al recogimiento. ¿por qué no emprender con audacia pedagógica, una educación específica en el silencio dentro de las coordenadas propias de la experiencia cristiana? Debemos tener ante nuestros ojos el ejemplo de Jesús, ´el cual salió de casa y se fue a un lugar desierto, y allí oraba´(Mc 1, 35). La liturgia, entre sus diversos momentos y signos, no puede descuidar el del silencio” (n. 13).

¿Por qué hay momentos de silencio en la liturgia?

Es necesario el silencio para escuchar la Palabra de Dios, para prepararnos a escuchar esa Palabra. Dios se hizo Palabra en Jesús, y condición para escuchar esa Palabra es el silencio: silencio del corazón, de la mente, de los sentidos, silencio ambiental.

Hay un hermoso pasaje de la Biblia en 1 Sam 3, 10 cuando el joven Samuel en el silencio de la noche le dice a Dios: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”. Guardamos silencio para escuchar a Dios.

¿Cuáles son esos momentos de silencio?

Antes de la eucaristía y de cualquier celebración litúrgica nos deberíamos preparar con el silencio, para reflexionar y pensar: ¿Qué vamos a hacer?; ¿con quién vamos a encontrarnos?; ¿qué nos pedirá Dios en esta ceremonia?; ¿cómo debemos vivir esta celebración?; ¿qué traemos a esta celebración?; ¿qué deseamos en esta eucaristía?; ¿qué pensamos dar a Dios?.

Por eso urge hacer silencio ya que hemos entrado en el recinto sagrado y hay que preparar el corazón, que será el terreno donde Dios depositará la semilla fecunda de la salvación.

Silencios en la eucaristía y su significado

  • Antes del “Yo confieso”: es un silencio para ponernos en la presencia del tres veces santo, reconocer nuestra condición de pecadores y pedirle perdón, y de esta manera poder entrar dignos a celebrar y vivir los misterios de pasión, muerte y resurrección de Cristo.
  • Antes de la oración colecta: el sacerdote dice: “Oremos”. Es aquí donde el sacerdote, en nombre de Cristo, recoge todas nuestras peticiones y súplicas, traídas a la Eucaristía. Antiguamente se usaban también otras fórmulas, dichas por el diácono, para llamar la atención de la asamblea antes de esta oración:“Guardad silencio”. ”Prestad oídos al Señor”.    En este silencio cada uno concreta sus propias intenciones. Por eso se llama oración colecta, porque colecciona y recoge los votos, intenciones y peticiones de toda la Iglesia orante.
  • Después de la lectura del Evangelio o de la homilía; ¿Qué significado tiene ese breve silencio? Dejar que la Palabra de Dios, leída y explicada por el ministro de la Iglesia, vaya penetrando y germinando en nuestra alma. ¡Ojalá se encuentre siempre el alma abierta!
  • Momento de la elevación de la Hostia consagrada y del Cáliz con la sangre de Cristo en la consagración. Es un silencio de adoración, de gratitud, de admiración ante ese milagro eucarístico. Es un silencio donde nos unimos a ese Cristo que se entrega por nosotros.
  • Después de la comunión, viene el gran silencio. Silencio para escuchar a ese Dios que vino a nuestra vida, en forma de pan, silencio para compartir nuestra intimidad con Él. Silencio para ponernos en sus manos. Silencio para unirnos a todos los que han comulgado y encomendar a quienes no han podido comulgar. ¡Aquí está la fuerza de la comunión!
  • También se recomienda un brevísimo silencio después de cada petición en la oración de los fieles. Aquí es un silencio impetratorio, donde pedimos por todas las necesidades de la Iglesia, del mundo y de los hombres.
  • Es muy aconsejable, después de la eucaristía quedarse unos minutos más en silencio, para poder agradecer a Dios el habérsenos dado como alimento, al que nos ha permitido participar en la santa misa.

OTRAS PROPUESTAS

Introducción al tiempo de Adviento: ADVIENTO DEL AÑO DE LA FE

El P. Jesús María, que colabora con esta Delegación aportando semanalmente la Lectio Divina en torno al Evangelio del Domingo, nos ofrece, en este año de la fe, una introducción general para el Tiempo de Adviento así como la lectio divina todos los días de adviento y navidad.

La corona de Adviento

Sugerimos otra forma para la Corona de Aviento teniendo como base “La Cruz del Credo” que se puede encargar en el taller de serigrafía de Cáritas Diocesana y cuyo modelo adjuntamos. El lucernario puede ir colgado en los brazos horizontales de la Cruz (dos en cada tramo) o en otros soportes a ambos lados. (Se adjuntan textos oracionales).

La pulsera del “Año de la fe”

El inicio del Adviento es un momento oportuno para hacer una profesión solemne de la fe de, manera especial, de la Encarnación, Nacimiento y Epifanía de nuestro Señor Jesucristo. De esa proclamación de fe, puede surgir un serio compromiso de vivir, de una manera nueva este Adviento y esta Navidad.

La pulsera colocada en la muñeca de la mano, puede ser un signo exterior que incite a otros a preguntar y una posibilidad de decirle nuestra fe.