II: Escuchamos la Palabra de Dios

 

Después de reunirnos y constituir la comunidad, escuchamos las lecturas bíblicas, la Palabra de Dios.

 

Escuchar es algo más que oír. Es atender, ir asimilando y haciendo propio lo que se nos dice. Es algo activo, no pasivo.

 

En nuestras relaciones con los demás también es importante el saber escuchar. Nos cuesta escuchar a los demás. Más bien, en lo que ellos dicen, nos escuchamos a nosotros mismos. Ellos nos están contando "sus" cosas, y nosotros, a la primera ocasión, les interrumpimos y hablamos de las "nuestras".

 

Escuchar es abrirse al otro, admitirle en nuestra existencia. Por eso nos enriquece tanto, nos llena de la experiencia y del pensamiento del otro, y nos acerca a él.

 

En la primera parte de la misa, escuchamos a Dios. Nos abrimos al Dios que nos dirige su Palabra. A través de las páginas de Isaías o de Pablo, él nos habla hoy y aquí a nosotros, nos comunica su proyecto de salvación y su cercanía, y nos invita a la comunión de vida con él. Nuestro Dios no es un Dios mudo y lejano. Nos habla. Nos está presente. Nos dirige su Palabra.

 

Nuestra primera actitud, como cristianos, es la escucha atenta. "Celebramos" la Palabra, para asimilarla y luego llevarla a la práctica en la vida de cada día. Nos miramos al espejo de la Palabra para ir conformando nuestra mentalidad a la de Dios. Unas veces nos consuela y nos anima. Otras, juzga y desautoriza nuestro estilo de vida y nos invita a la conversión. Siempre nos ilumina, nos estimula, nos alimenta.

Jesús es la Palabra 

 
La palabra que nos dirige Dios es una Persona, y se llama Cristo Jesús.                  

Cristo no sólo se nos dará en el Pan y el Vino. Ya está realmente presente en la Palabra que se nos proclama y que escuchamos.

 

Cristo no fue un maestro que dijo palabras, o que mandó que escribieran palabras. Él es la Palabra que Dios nos dirige, la Palabra hecha Persona viviente. "La Palabra, que era Dios, se hizo hombre".        

 

No se trata sólo de que las lecturas hablan de él. Aunque ahora no se le ve, ni se le oye directamente, pero a través de los lectores es él mismo, Cristo Jesús, el Resucitado, el que se nos comunica como la Palabra viviente de Dios. También a nosotros nos dice Dios: "Este es mi Hijo amado, escuchadle".

 

"En las lecturas Dios habla a su pueblo, le descubre el misterio de la redención y salvación y le ofrece alimento espiritual. Y el mismo Cristo, por su palabra, se hace presente en medio de los fieles" (Misal, IGMR 55).